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ESTO
ES...¿AMOR?
Por un largo y solitario pasillo del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, una niña,
de unos once años, recorría ese laberinto de escaleras con la mirada desencajada por el
miedo y la respiración agitada de tanto correr. Su pelo, de un rojo brillante, estaba
revuelto a juego con el brillo frenético que desprendían sus brillantes ojos castaños.
-"¿Por qué?, ¿por qué?".-se preguntaba una y otra vez la pequeña Ginny
Weasley- "¿Por qué justamente ha debido de encontrarlo Harry?".
Por fin, tras una larga y fatiga carrera, la muchacha llegó a su destino: la habitación
de las chicas de primer curso que en aquellos momentos estaba completamente vacía.
Se detuvo allí, de pie, apoyada en la pared mientras jadeaba intentando recuperar el
aliento. Después de unos minutos en espera, se giró y cerró la puerta mediante un
conjuro. Seguidamente, sin pararse a pensarlo, corrió hacia su escritorio, cogió su
pluma, la mojó en el tintero y comenzó a escribir en un pequeño cuaderno que había
llevado entre sus manos todo aquel tiempo.
-"¿Tom?".-escribió ella sobre el papel antes de que este absorbiera toda la
tinta. Al instante, en el libreto apareció una frase.
-"¿Eres tu Harry?".-respondió.
-"No, soy Ginny. Dime, ¿qué le has hecho a Harry?".
-"¿Ginny?, ¿al final has decidido volver a escribirme?".
Un escalofrío le recorrió la espalda en el mismo instante en el que leía aquella frase.
Después de todo lo que había ocurrido los meses anteriores y las sospechas que tenía
sobre aquel diario le estaban proporcionando un gran malestar, un mal presentimiento.
-"No...solo quiero saber que le has dicho".-escribió con la mano temblorosa
mientras se tragaba sus enormes deseos de volver a cerrar el cuaderno.
-"¿A Harry?, solo le he contado lo que le interesaba".-ella tragó saliva
mientras su cuerpo comenzaba a temblar-"Pero no te preocupes, no le he contado nada
acerca de ti...y de tu famoso secreto".-ésta última frase le sonó con tal ironía
que no pudo evitar enfurecerse.
-"¿Por qué debería creerte?".
-"¿Tienes otra opción?".
-"Si".-respondió sin pensar.
-"¿Cuál?, mi querida e inestimable compañera".
-"Te llevaré a Dumbledore..."-escribió con tanta inseguridad que el pulso le
temblaba violentamente- "...y verá quien es el culpable de todos los ataques".
-"No creo que lo hagas...por dos sencillas razones".-Ginny sintió como el miedo
penetraba en su cuerpo, todo aquello le daba muy mala espina- "Primero: tendrías que
aceptar que fuiste TU la que ha provocado todo los ataques...y segundo: yo no voy a
permitir que realices semejante acto".
Ella gritó cuando el diario se sacudió con violencia y cayó al suelo. De las paginas en
blanco comenzó a brotar una columna de humo, como si dicho objeto hubiera empezado a
arder. Entonces, el humo comenzó a tomar forma; poco a poco se fue transfigurando hasta
dar lugar a un chico, de unos 16 años, con el pelo negro azabache y los ojos de un rojo
intenso que la miraban con malicia.
-Por fin nos vemos...Ginny.-dijo el con una fría y distante voz.
-To-Tom...-fue la única palabra que consiguió salir de la seca garganta de la joven.
Se levantó y se dirigió directamente hacia la puerta, ya no aguantaba más esa
situación. Tenía que huir, quería huir, ya no le importaba reconocer todo lo que había
pasado; pero Tom no la iba a dejar marchar. Con una sorprendente rapidez, se abalanzó
sobre ella antes de que llegara a la puerta asiéndola por los brazos impidiéndola
escapar.
-¡¡¡Socorro, que alguien me ayude!!!.-chilló desesperadamente con la leve esperanza de
que alguien la escuchase y acudiera en su ayuda.
Pataleó, gritó, intentó propinarle un puntapié en la espinilla para que la soltase,
pero Tom no desistía; el era más mayor y mucho más fuerte por lo que no tenía ninguna
oportunidad contra él. La tiró al suelo con rudeza para que dejara de gritar y la
sujetó por las muñecas mientras se colocaba entre sus piernas inmovilizándola.
-¡No, no, déjame!.-chillaba histérica intentando por todos los medios separarse de su
agresor sin ningún éxito.
-Nadie te va a oír por mucho que grites.-le dijo fríamente con una sonrisa de
satisfacción dibujado en su rostro- Has escogido un mal momento para escribirme: justo
cuando todo el colegio está cenando en el Gran Comedor.
Ginny volvió a forcejear intentando desprenderse de él, pero lo único que consiguió
fue que le apretara las muñecas con mucha más fuerza. Se rindió, ya no podía seguir
luchando, todo su ímpetu se había desvanecido. La persona a la que más había querido,
en la que había confiado ciegamente, a la que le había abierto su corazón, a la que
quizás...solo por unos días...había llegado amar...estaba ahora en contra suya
demostrándole con una malévola sonrisa y con una hipócrita mirada lo estúpida que
había sido al caer en su sucio juego.
La presión, la tristeza...todos aquellos oscuros sentimientos que había acumulado
durante tanto tiempo estaban comenzando a ser más fuerte que ella. Sintió como le
escocían los ojos, cómo le ardía la garganta y no pudo evitar que unas cristalinas
lágrimas rodaran por su sonrosado e infantil rostro.
-¿Por qué lloras?.-preguntó con una dolorosa indiferencia- ¿Tanto daño te he hecho en
las muñecas como para que llores?.
Sintió como si esas palabras le estuvieran atravesando el alma al igual que mil puñales
que se le hundieran poco a poco en su frágil cuerpo.
-¿Por qué Tom?.-dijo entre sollozos- ¿Por qué?.
-¿Qué querías que hiciera?.-respondió con ironía- Decirte: "Hola, soy Tom
Riddle, ¿me ayudarías a abrir la cámara de los secretos?".-realmente, se sentía
poderoso ante poder llevar las riendas de una situación tan delicada como aquella.
-Me mentiste...no me entendías...de verdad...-dijo en un susurro con el alma partida en
mil pedazos.
-No del todo...-dijo él acercando su cara a la de ella sonrojándola- ...en el fondo te
comprendía por que yo me sentía igual que tu...-repentinamente se percató de lo que
acababa de decir y agitó la cabeza de un lado para otro.¿En qué estaba pensando?, ¿por
qué le había dicho aquello?. Fijó su mirada en la de ella y le susurró- Duerme...
Ginny sintió como Tom iba absorbiendo las pocas fuerzas que le quedaban. Ya no
forcejeaba, no le quedaba la suficiente energía para seguir, todo se había acabado, ya
no lo soportaba más. Pero, a pesar de todo el dolor que él le estaba proporcionando,
sentía que debía confesárselo aunque ya no valiera la pena. Sentía que debía hacerlo
porque ya no volvería a tener oportunidad para decírselo porque lo más probable era que
no volviera a despertar de aquel sueño.
-Yo...-susurró casi dormida-...t-te...que...ría...
Él se sobresaltó al oír aquellas últimas palabras antes de que ella cayera en un
profundo sueño. Sintió como el corazón se le aceleraba mientras aquella frase resonaba
en el interior de su cabeza como si de un eco se tratase. Jamás nadie le había dicho que
le quería, nadie le había demostrado afecto alguno, nadie...le había dicho una cosa
así.
La observó, dormida, con sus infantiles ojos cerrados y su boca entreabierta mientras
respiraba. Sus graciosas pecas resaltaban en su pálido rostro empapado por sus amargas
lágrimas. No pudo evitar tumbarse sobre su atrayente y frágil cuerpo mientras, en contra
de todo lo que hubiera esperado, unió sus labios con los de ella. Eran cálidos, suaves,
dulces...jamás había besado a nadie y aquel instante le supo tan bien, encontrando en su
boca un calor, un sentimiento que nunca logró percibir en las palabras o en los gestos de
otras personas.
En el instante en que separó su boca de la de ella, se dio cuenta de lo que acababa de
hacer y se apartó de su cuerpo con rapidez. ¿Qué es lo que había echo?, ¿por qué?,
¿cuál es la razón por la que le ha impresionado tanto la declaración de esa niña?.
-"Yo...t-te...que...ría..."
Esa frase hizo que un rubor rosado recorriera sus mejillas de su pálido rostro el cual,
siempre expresando frialdad e indiferencia, ahora mostraba inseguridad y sorpresa ante
aquel echo. ¿Realmente no le importaba aquella chica?, ¿en serio que únicamente la
utilizó para conseguir abrir la cámara de los secretos?.
Extendió su mano y acarició la húmeda y rosada mejilla de Ginny, seguidamente sus
párpados, su pequeña nariz, sus labios...entonces recordó que debía llevársela a la
cámara, debía hablar con la serpiente antes de que anduviera a sus anchas por el
castillo y no debía de dejarla ahí tirada en mitad de la habitación.
La cogió entre sus fuertes brazos y salió sigilosamente de la habitación, sin realizar
el más mínimo ruido, dirigiéndose hacia el baño de las chicas consumido en sus más
profundos pensamientos sintiendo esa punzada, esa sensación de inseguridad que le
comenzaba a inundar mientras se repetía una y otra vez durante todo el trayecto.
-"¿Será esto..."-pensó para si-"...lo que la gente llama...amor?".
FIN
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