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Capitulo dos
Harry se levantó al día siguiente a causa del ruido del piso de abajo, sus tíos
hacían los últimos preparativos para irse a las 6:00 de la tarde. Se duchó y luego se
vistió con unos tejanos y estrenó la camiseta negra con una calavera plateada en el
centro (regalo de Hermione)
- Desayuna rápido, tía Marge debe de estar aquí mismo.- le dio prisa tía Petunia.
Cinco minutos más tarde, tía Marge estaba picando la puerta. Dudley abrió para poder
recibir el billete de 20 libras.
- ¡Mi Dudy!- tía Marge le beso, y como era de esperar Dudley tenía un billete en el
bolsillo.
Saludó a todo el mundo, dejando a Harry (de esta manera le dejaba muy claro que él no
era nadie) al final.
- Veo que el San Bruto sigue sin hacer efecto en ti- le recriminó tía Marge mirando
con desaprobación la camiseta- con esos pelos deberías cortártelo al rape, aunque
seguirías siendo tan flacucho como siempre...
- Todos tenemos defectos... y virtudes, incluso usted le interrumpió Harry,
aunque este dudaba que, tía Marge, tuviera alguna virtud.
- ... y tan maleducado como de costumbre.
Tío Vernon le dio un pellizco para que se callase.
- ¿Quieres que te acompañe hasta la estación, Marge?
- No, Vernon, tengo un taxi esperando contestó tía Marge- Y el taxímetro
corre, de manera, que date prisa Dudley.
Dudley cogió una mochila y su padre la maleta, tía Marge miró de una manera perversa
a Harry y se fue.
- Coge tus cosas- ordenó tía Petunia, cuando tío Vernon volvió.
Harry cogió su maleta y siguió a tío Vernon, que caminaba muy rápido para llegar
antes a la casa de la señora Figg y así deshacerse de su sobrino.
Tío Vernon picó a la puerta, y apareció una anciana de ojos verdes y pelo gris.
Harry se sorprendió al ver el viejo collar que tantas veces había contemplado de
pequeño. Era un collar de oro, el pequeño colgante era lo más curioso, representaba un
fénix con las alas abiertas y en medio de la figura del ave había una esmeralda en forma
de rayo.
- ¿Si?- miró primero a tío Vernon y luego a Harry- No les esperaba tan pronto.
Pasen, pasen- les invitó la señora Figg
- No, no, gracias señora Figg.- se disculpó tío Vernon- pero tenemos que preparar
unas cosas ¿Dónde quiere que lleve la maleta?- preguntó tío Vernon. Este era así de
amable cuando veía a la señora Figg, sería porque le hacía el favor de quedarse con
Harry.
Tío Vernon dejo la maleta en el cuarto donde Harry solía dormir. Y después de
dedicarle la única mirada amenazante, se fue.
- Bueno, Harry cuanto tiempo sin vernos.- le dijo la señora Figg a Harry con un tono
cariñoso que este creía haber olvidado.
- Me alegro de verla señora Figg esta sonrió.
- Ya sabía yo que no podías haber cambiado tanto como para que tus tíos te
matricularan en el San Bruto.
Los días pasaron con una monotonía increíble. Si Harry pensaba que ir con la señora
Figg sería una forma de romper con la rutina de los Dursley, se equivocaba. Lo único que
hacía con ella era ver fotos de sus gatos, ayudarla a cocinar y tragarse, día si y día
también, "Rosarito de las Mercedes" la telenovela venezolana.
El quinto día de su estancia allí, mientras veían como Juan Antonio le ponía los
cuernos a Margarita, con Rosarito, que estaba locamente enamorada de Juan Antonio;
llamaron a la puerta.
"¡Oh, Oh! Han picado a la puerta, como puede ser que sea lo más interesante que
me haya pasado últimamente" pensó Harry.
- Hola, Arabel ...- la desconocida de pelo rubio y ojos verde esmeralda reparo en la
presencia de Harry Hola.- luego interrogó con la mirada a la señora Figg.
- Te presento a Harry Potter, el sobrino de mis vecinos- le explicó la señora Figg-
Harry, esta es Dainé Williams.
- Hola, Bueno Arabella- ¿Arabella? ¿De que le sonaba ese nombre a Harry?- Aquí
tienes- le tendió un portafolios con una 5 páginas escritas a mano- Se el lugar, quien
está, cuando él no está pero sigo sin saber como entrar. Seguiré buscando.
- Perfecto- contestó la señora Figg mientras miraba rápidamente las hojas- ¿quieres
tomar algo?
- Un té, si no es molestia, no he comido nada.
La señora Figg se fue a la cocina, mientras Dainé se sentaba algo incómoda en el
sofá
- Bueno... Hola- saludó Dainé - Pues... ¿Cómo van los estudios?- "Que
original, esa pregunta jamás me la habían hecho" pensó Harry.
- Bien.
El comedor se quedó en silencio, sólo se oía a Rosarito llorando por que le
obligaban a casarse con Juan Mario Verde, un millonario y el ruido que hacía la señora
Figg mientras preparaba el té.
Después de cinco minutos sin que nadie le dirigiera la palabra al otro, apareció la
señora Figg con dos tazas de té y pastas.
- Arabe...- Williams se interrumpió por un gesto que hizo la señora Figg- Vale,
señora Figg, crees que es seguro que Lewis venga de América hasta aquí. No es seguro,
no está preparada.
- Lo está.- contestó tajante- a parte, no he sido yo la que le ha dicho que venga, la
decisión a sido suya...
- No es seguro que la hija de los Lewis venga a Gran Bretaña, Dumb... ay, quiero
decir, él no lo consentirá.
- Lo hará, por su bien es mejor que la acepte.- Dainé abrió la boca para protestar,
pero la señora Figg se adelantó- Dainé, no puedes decirle a ella, un día, que tiene
unas responsabilidades muy importantes y al siguiente decirle que no las cumpla.
- Muy bien
Más tarde Dainé se levantó y se fue con la excusa que tenía mucho que hacer. Eso
fue lo más interesante que le había pasado, a Harry, por el momento.
Las 0:56, y seguía sin poder dormir. Harry se puso las zapatillas y se levantó para
ir a beber un trago de agua.
Sigilosamente, Harry, fue bajando la escalera que a cada paso crujía. Atravesó el
comedor hasta llegar a la cocina donde tuvo que recordarse por décima vez lo poco que
faltaba para que llegase el día en que tomaría el tren escarlata, el añorado Expreso de
Hogwarts.
Mientras Harry se llenaba el vaso de agua oyó el batir de unas alas.
- Hedwig- susurró Harry.
Se dirigió hacía la habitación de donde venía el ruido de alas. En la mesa de
cristal del comedor se encontraba una lechuza de color pardo que miraba desconfiado a
Harry, que le quito la carta que tenía atada en la pata. Al desdoblar el pergamino
reconoció la letra de Sirius:
Querida Arabella:
Supongo que ya estarás enterada de que mi estancia en Azkaban fue una equivocación
aún no solventada, confió en que lo sepas.
De todos modos, la razón por la que te escribo no es muy alegre, lo que durante 14
años habíamos temido se ha cumplido, Voldemort ha vuelto.
Te iré informando.
Mis más cordiales saludos:
Sirius Black
Harry se quedó con la carta en la mano y la vista fija perdida en el vacío. Dio un
paso para atrás y chocó contra la chimenea, al darse la vuelta su mirada se quedó fija
en una medalla que a Harry le resultaba familiar:
A la representante de Hogwarts durante el torno de los tres magos:... Arabella Figg.
Premiado con 750 galeones por ser la ganadora de dicho torneo.
Harry se maldijo por no haberse fijado nunca en aquel premio que estaba tan a la
vista...
...La señora Figg había ido a Hogwarts...
...Y había ganado El Torneo de los Tres Magos...
...Arabella Figg,... la señora Figg...
...Las palabras de Dumbledore dirigidas a Sirius: "Tienes que alertar a Remus
Lupin, Arabella Figg
"
...Las palabras de Voldemort: "Pero ¿cómo atrapar a Harry Potter? Por que ha
estado mejor protegido de lo que incluso el imagina..."
...Y Sirius escribía a la señora Figg.
Estos recuerdos pasaban una y otra vez por la mente de Harry, hasta que acabo por
sentirse mareado y se sentó pesadamente en el sofá.
- La señora Figg es...- murmuraba incrédulo Harry- una bru... es una bruja. Y
Dumbledore lo sabía, y no me lo dijo.
"¡Maldita sea!- pensó Harry- Voldemort intenta matarme y ni siquiera se el
porque. El resto del mundo sabe más cosas de mi vida que yo mismo. He estado viviendo en
Privet Drive sin saber que había una persona como yo"
Harry pensó que nunca se dormiría después de enterarse de que su vecina era bruja,
pero se equivocó llegó un momento en que su cabeza se recostó en el respaldo y los
pensamientos que le atormentaban se perdieron en la oscuridad del comedor.
Harry se despertó al amanecer y como si nada hubiera pasado la noche anterior se
vistió y aseo.
Hasta que llego al comedor donde se encontró nuevamente con la carta encima del sofá.
La cogió y la releyó:
- Tenían que habérmelo dicho- se convencía Harry- podía a verme explicado cosas
sobre el mundo mágico o incluso decirme que era un mago antes de llegar a Hogwarts.
- ¡Hola, Harry! Que madrugador ¿no?- saludó alegremente la señora Figg.
Harry hubiera deseado que fuese otra persona la que le saludase. La señora Figg había
sido lo más cercano al cariño que, Harry, había estado; y no deseaba descargar toda la
ira que llevaba dentro.
- Hola señora Figg- saludó inexpresivo.
Justo cuando esta se iba a la cocina para preparar el desayuno, Harry le informó de la
carta del día anterior.
- ¡Ah! Señora Figg- Ella se dio la vuelta para escuchar lo que Harry tenía que
decirle- A noche recibió una lechuza de mi padrino, Sirius.- la anciana se dio la vuelta
lentamente.
- Harry...
- ¿Qué pasa? Piensa que estoy enfadado porque no me dijo que era usted una bruja
¿Eh?- preguntó, frío como el hielo.- O tal vez ¿Por qué nunca me dijo lo que YO era?
- Harry no podía decírtelo, compréndelo- rogó la señora Figg
- ¿¡Por qué!?
- Cuando comenzaste a quedarte en mi casa eras muy pequeño, si te lo hubiera dicho sin
querer se lo habrías dicho a tus tíos ¿Cómo crees que hubieran reaccionado? Me
habrían echado a patadas.
- Y cuando fui lo suficiente mayor para saber que no tenía que decírselo a nadie.
- A caso me habrías creído ¿eh? O tal vez cuando fuiste a Hogwarts, ¿Cuántas veces
nos vimos desde que recibiste la carta del colegio?- se quedaron en silencio, mirándose
largamente. Harry con expresión colérica y la señora Figg intentaba hacerle entender el
porque de no haberle contado nunca nada.
- Y hace dos días, cuando vine.- replicó Harry, con voz serenada. Silencio.
- Pensé que si no lo sabías me sería más fácil vigilarte.
Aquellas palabras mitigaron la ira de Harry.
- Lo siento- murmuró Harry.
- Más lo siento yo.- reconoció la señora Figg- Tienes razón, debí contártelo,
bueno... debimos contártelo.
Después de las disculpas, Harry subió a preparar sus cosas (3 días y se iría a
Hogwarts)
- Harry- este se dio la vuelta- La carta.
El chico se miró la mano, no le había dado la carta. Se acercó a la señora Figg
apresuradamente y le entregó la carta
- ¿ No se sorprende de saber que Voldemort ha vuelto?- preguntó extrañado Harry al
darse cuenta de la cara inexpresiva de la señora Figg después de leer la carta (su cara
era parecida a como si hubiera leído que mañana llovería)
- Ya lo sabía- Harry ya se iba a ir cuando recordó algo.
- Dainé Williams, la chica que vino ayer... ¿también es bruja?- la señora Figg
sonrió dando a entender a Harry que Dainé también provenía del mundo mágico.
"Tres días, tres días y no volveré a ver a los Dursley hasta el próximo verano
( O puede que no los vea ni en verano porque Voldemort ya me halla matado),"se iba
recordando Harry mientras oía a su tío decir:
- Mas te vale que la señora Figg no se halla enterado de... tu...tu... anormalidad.-
al tiempo que Harry se reía por lo bajo.
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